Bajo una presión cada vez mayor, Europa se acerca a un momento decisivo: ¿tomará las decisiones estratégicas adecuadas para su agricultura?
Ahora que se reanuda la actividad política en Bruselas, creemos que sería quedarse corto decir que la moral de la comunidad agrícola europea dista mucho de ser alta. Otro verano de condiciones meteorológicas extremas, sequía e incendios forestales ha añadido presión a unas condiciones de mercado ya de por sí difíciles en muchos Estados miembros. Los costes de los fertilizantes y la energía siguen siendo motivo de preocupación, con las finanzas de las explotaciones agrícolas ya al límite, mientras que las guerras, las tensiones comerciales, la intensificación de la competencia mundial y las crisis climáticas ensombrecen las perspectivas tanto a corto como a largo plazo.